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Una lección olímpica en nuestro bicentenario

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Columnista invitada: Pamela Antonioli De Rutté, Gerente en Hub de Innovación Minera del Perú. Biotecnóloga con experiencia en formulación y desarrollo de proyectos de I+D+i y en gestión pública y privada relacionada a innovación.


Los Juegos Olímpicos de este año en Tokio aún no han concluido y ya nos han regalado algo mucho más importante que el espectáculo y las medallas. Este año, al igual que en otras olimpiadas, hemos conocido historias de sueños alcanzados y de esfuerzo y superación:

  • Matthew Richards – Reino Unido: gana el oro y casi rompe el record mundial en estilo libre 200 metros tras entrenar, debido a la pandemia, en una piscina de lona que compró en el jardín de su casa.
  • Ángelo Caro – Perú: tras quedar en quinto lugar en skateboarding sale a la luz una entrevista que le hicieran de niño donde nombraba como su ídolo al estadounidense Nyjah Houston, a quien superó en esta competencia.
  • Sun Yiwen – China: tras ganar el oro en esgrima se quiebra porque sabe que el haber ido a las olimpiadas significa que al regresar a su país deberá hacer cuarentena y no sabe si llegará a tiempo para despedirse de su padre que padece una enfermedad terminal.
  • Las 29 personas que integran el equipo de refugiados, provenientes de 11 países de los cuales tuvieron que huir por violencia, hambre o por ser diferentes. Cada uno de ellos una historia conmovedora.   

Sin embargo, probablemente la historia más importante sea la de la gimnasta Simon Biles, quien ha decidido retirarse de la competición final por equipos e irá definiendo día a día su participación en los juegos. Su historia no es la más dramática ni épica; probablemente sea una historia conocida por muchos, de hecho, para poco más de 7 de cada 100 personas es bastante familiar: ansiedad y depresión1, con una incidencia de 3.76% y 3.44%, respectivamente. Si no es la más conmovedora de las historias, ¿por qué sería la más importante? Pues porque el impacto puede ser enorme: la visibilización de la salud mental como parte importante de la salud.

La sociedad ha tomado mucho tiempo en dejar de ver a la ansiedad y la depresión como debilidad de carácter, pero aún falta mucho por avanzar. ¿Cuántas personas estaríamos dispuestas a hacer un alto como Simon Biles aún a costa de defraudar? ¿Cuántas, por el contrario, se van desgastando porque la presión por continuar es demasiado? De hecho, estas preguntas son válidas no solo ante episodios de ansiedad o depresión. Debemos normalizar que el decir “no, no puedo”, no es sinónimo de debilidad sino de fortaleza.

Nuestro país está cumpliendo hoy 200 años de vida independiente y es un buen momento para preguntarnos por nuestra salud mental como sociedad. Quienes asuman el reto de conducir nuestro país los próximos años deberán tener muy presente esto. Quienes asuman el reto demostrarán más fortaleza en asumir sus carencias que en dar discursos grandilocuentes.


 1 https://ourworldindata.org/mental-health. Esta data es de 2018 y es muy probable que debido a la pandemia se haya incrementado.