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Glen A. Larson: Víctima de su éxito

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Columnista invitado: Hans Rothgiesser. Economista de la Universidad del Pacífico con maestría en periodismo por la Universidad de Gales (Reino Unido). Actualmente miembro del Consejo Consultivo del Grupo Stakeholders.


Glen A. Larson es mencionado al comienzo de muchas de las series de televisión que veíamos todos los que teníamos televisión en el Perú.  Fue el creador de la serie The Fugitive (El Fugitivo), Knight Rider (El Auto Fantástico) y The Six Million Dollar Man (El Hombre Biónico), entre otros muchos éxitos que dejaron su huella en la cultura popular.  Su primer gran éxito fue un western en 1971, Alias Smith and Jones.  Larson, de formación mormona, había tomado varios elementos de esta religión para armar la mitología de una serie de ciencia ficción que él consideraba que sería un éxito sin precedentes.  Se trataba de una producción que muchos mayores de 40 años reconocerán sin mayor problema, Battlestar Galactica (Galáctica).

Originalmente se iba a llamar Adam’s Ark (El Arca de Adán) e incorporaba más elementos aun de la tradición mormona, como los “matrimonios para el tiempo y la eternidad”, el consejo de los doce, entre otros.  Larson alega haber comenzado a desarrollar la serie en 1968.  Sin embargo, recién cuando la primera película de Star Wars explotó en popularidad en 1977, Larson consiguió el apoyo necesario para poder sacar adelante Galactica.  Y es que todos los estudios, todos los canales, todas las productoras salieron a buscar proyectos que capitalizaran el éxito de Star Wars.  La propuesta de Larson fue exactamente lo que necesitaba la cadena ABC.

Galactica cuenta la historia de un puñado de naves espaciales que están huyendo juntas de un conflicto.  Las acompaña un gran crucero de combate, Galáctica.  Esta flotilla está siendo perseguida y cazada por los cylons -una raza de androides-, mientras buscan como último recurso la decimo tercera colonia, el planeta de donde viene la raza humana, que se supone que es la Tierra.  Es una historia bien potente, épica, humana, centrada en la familia, la amistad y el heroísmo propio de las situaciones desesperadas.  Larson había aprendido lo que le gustaba al publico a lo largo de sus años trabajando en la televisión.

Lamentablemente, Larson terminó siendo víctima de su propio éxito.  El piloto de la serie, que había costado US$8 millones -una cifra récord para su época-, duraba casi dos horas.  Se suponía que ésta sería la primera de tres películas.  La respuesta del público fue buena, por lo que los estudios entonces decidieron cambiar el plan. Galactica ya no serían películas para la televisión, un formato que en ese entonces era popular, sino una serie semanal.  Esto rompió por completo con la maquinaria que había instalado Larson.

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Los guionistas tenían que correr para terminar los diálogos a tiempos.  Los trajes futuristas tuvieron que ser replanteados.  Muchas secuencias de batallas en el espacio tuvieron que se recicladas.  Ésta no era la visión de Larson y se notó relativamente rápido.  La profundidad temática de la búsqueda épica por el origen de la humanidad se perdió en una serie que cada semana debía tener una aventura nueva.

Por si fuera poco, los estudios 20th Century Fox demandaron a Universal Studios por plagio.  Galactica habría tomado hasta 34 conceptos distintos de Star Wars.  Universal aplicó una contrademanda a 20th Century Fox, porque ésta se habría plagiado de distintas producciones de Universal para Star Wars.  Por ejemplo, los robots de las películas clásicas de la franquicia Buck Rogers.  Lo que vino después fueron juicios en todas direcciones y a todos los niveles.

Al final la serie fue cancelada porque, a pesar de que inicialmente había tenido buena audiencia, su transmisión irregular no ayudó a generar un público fiel.  En 1979, Larson tuvo que dejar ir la serie por la que había sacrificado tanto.  Hubo intentos de revivirla en distintos momentos y en 2003 se reimaginó en una serie completamente nueva, la cual no tuvo a Larson involucrado de ninguna forma.