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Florence Nightingale: Si no te creen, aliméntales cifras

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Columnista invitado: Hans Rothgiesser. Economista de la Universidad del Pacífico con maestría en periodismo por la Universidad de Gales (Reino Unido). Actualmente miembro del Consejo Consultivo del Grupo Stakeholders.


Florence Nightingale debe de haber sido la segunda mujer más importante de la era victoriana, solo después de la misma Reina Victoria. Entre sus muchos logros está ni más ni menos haber sido la iniciadora de la enfermería moderna como la conocemos hoy en día. No sólo eso, sino que además fue la primera mujer en ser aceptada en la Real Sociedad de Estadística. De niña ya mostraba esa tendencia. Convenció a sus padres para recibir tutoría matemática avanzada. Es más, mientras crecía hizo amistad con Charles Babbage, quien diseñaría la primera proto-computadora, y con Adolphe Quetelet, quien popularizaría el concepto del promedio que en su época aún era revolucionario.

En 1854 fue enviada a la Guerra de Crimea a dirigir una delegación de enfermeras para apoyar a los soldados británicos. En cuanto llegó a Estambul se sorprendió por la situación: falta de higiene, ratas y pulgas en todas partes, falta de camas y mantas, mala calidad de comida. Como consecuencia de esto, muchísimos soldados morían de tifoidea, cólera, disentería y otras enfermedades mientras se recuperaban de sus heridas. Además, no había ningún sistema de reportes o de colaboración de información entre los distintos hospitales del ejército británico. Todo esto sonará obvio hoy en día, pero en ese entonces no lo era tanto.

Para poder mejorar la situación de estos hospitales, Nightingale innovó en algo que muy pocas veces se había visto hasta ese entonces: Juntó información estadística, la procesó y la usó para argumentar su pedido. El resultado fue contundente. Con los recursos adicionales que consiguió con su campaña pudo atender el problema y redujo la mortalidad en estos hospitales de 50% a 20%. Ésas son muchísimas vidas que se salvaron solo por saber presentar datos correctamente.

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De regreso de la guerra se dispuso a impulsar una serie de reformas en el sistema de salud. Sin embargo, se encontró con mucha resistencia. Fue por eso que llevó su innovación al siguiente nivel y se convirtió en una de las más grandes precursoras de la comunicación científica de su época. En ese proceso reconoció la necesidad de tener un sólido soporte visual. Fue así como pensó en presentar la data a través de diagramas. Con la ayuda de William Farr, otro brillante matemático de la época, desarrolló el famoso diagrama rosa en 1858.

Los resultados de la campaña demoraron en llegar, como era de esperarse. No obstante, durante la década de 1870 se comenzaron a implementar las reformas que Nightingale había estado promoviendo. Las muertes en hospitales británicos comenzaron a caer. Miembros de la nobleza y del sector salud, así como miembros del parlamento y de los medios, entraron en razón gracias a los diagramas que dejaban en claro sus argumentos.

Nightingale entendió a mediados del siglo XIX lo que muchos empresarios y economistas peruanos no entienden incluso hoy en día: Que presentar data seca no sirve para nada. Que hay que procesarla y digerirla. Que hay que presentarla de una manera atractiva que se entienda y que permita transmitir el mensaje que se quiere hacer llegar. Mandar a programas periodísticos a doctores en finanzas para criticar un proyecto de ley vomitando estadísticas no sirve de nada y le pone el plato servido a aquellos que hablando bonito son capaces de convencer a la población de apoyar las medidas más disparatadas.

Como decía, ella lo entendió muy bien en el siglo XIX. Varios de nuestros líderes de opinión aun no lo entienden. Por eso es que todos estos proyectos de ley dañinos terminan siendo aprobados. Algún día entenderán que aquí en el siglo XXI las cosas se hacen distinto.