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Falacias y falencias

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Columnista invitada: Pamela Antonioli De Rutté, Gerente en Hub de Innovación Minera del Perú. Biotecnóloga con experiencia en formulación y desarrollo de proyectos de I+D+i y en gestión pública y privada relacionada a innovación.


Una de las experiencias más gratificantes que he tenido es la de ser profesora de ciencias de chicos entre 10 y 13 años en el colegio. Muchos pensarán que es una edad complicada, la temida pubertad, pero es también una edad interesante en la que la mente empieza a procesar conceptos más complejos, sin una carga pesada de ideas fijas, y a la vez se mantiene el entusiasmo por el juego, una herramienta muy útil para el aprendizaje. Desde poner a prueba la teoría de la evolución de Darwin jugando en el patio armando equipos con distintas “armas” para cazar pompones de distintos colores y facilidad de camuflaje, hasta poner a prueba clases de debate donde más puntos obtiene quien mejores preguntas hace.

Con la situación que nos ha tocado vivir en el último año y medio entre la pandemia y los acontecimientos políticos, queda en evidencia cuánta falta nos hace como sociedad cultivar esas capacidades de pensamiento crítico. Los pasados 15 meses nos han regalado, de manera casi diaria, abundantes ejemplos de errores argumentativos, también conocidos como falacias, que bien podrían usarse para ilustrar un texto escolar en la materia.  A continuación, dejo en estas líneas lo que podría considerarse un borrador de índice de dicho texto, para quien quiera animarse:

  • Capítulo 1. Falacia ad hominem: Rechazo de la lógica debido a las características personales de un individuo, “el peruano en el extranjero que apoya a Perú Libre no debería opinar porque, al no estar en Perú, no sufriría las consecuencias”    
  • Capítulo 2. Falacia del hombre (mujer) de paja: No se rebate el argumento sino una versión exagerada y caricaturizada del mismo, “Ha propuesto fortalecer el rol fiscalizador del Estado… es un comunista, quiere que seamos Venezuela”    
  • Capítulo 3. Falacia populista:  Se asume que algo es cierto porque es popular, “liberar la AFP es una buena propuesta económica porque en pandemia la gente necesita dinero
  • Capítulo 4. Falacia del falso dilema: Se contraponen dos escenarios para desestimar una opción sin contemplar escenarios intermedios “no podemos poner la economía por sobre la salud, necesitamos escoger la salud”  
  • Capítulo 5. Falacia ad ignorantiam: da por veraz una idea porque no se puede demostrar que es falso “sabemos que hubo fraude, pero no sabemos cómo lo hicieron”  
  • Capítulo 6. Falacia de evidencia anecdótica (probablemente el capítulo más gordo): asume conclusiones en base casos “mi tía, el vecino de mi sobrino, el señor que trabaja con mi amigo…
    tomaron dióxido de cloro/ivermectina y no les ha dado Covid, son medicamentos efectivos para prevenir/curar la enfermedad”  
    fueron testigos de una irregularidad, hay fraude sistemático”


Me atrevo a decir que, de existir dicho texto, debiera ser de lectura obligatoria para aquellos activos portavoces en medios y redes, considerando que también existe una falacia “ad nauseam” que hace referencia a la mentira que, repetida muchas veces, puede tomarse como real. Empecemos entonces a reconocer nuestras falacias y falencias, solo así habremos dado el primer paso en la construcción de país dialogante pero crítico, porque un país que vive disociado de la realidad no podrá ser un país justo.