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El balance entre la hiper y la desconexión

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Columnista invitada: Pamela Antonioli De Rutté*


Es innegable que con la pandemia uno de los tantos elefantes blancos en la habitación es la brecha digital. Esta brecha es muy tangible cuando vemos la enorme desventaja que ha tenido y tiene una mayoría desconectada de todos los beneficios que el internet tiene e impactos a nivel de educación, en temas de salud y financieros, entre otros. Sin embargo, en la columna de hoy quisiera hacer el ejercicio donde la brecha no existe, muy por el contrario, la conexión es de alta calidad para todos y todas y, lo más importante, está al alcance de la mano… la mano extendida llamada celular. Es en este contexto que surge la pregunta ¿Qué tan fácil es desconectarse?

Hace muchos años conocí a una persona que se rehusaba a tener celular y hace no muchos meses a otra que hacía lo mismo con whatsapp o cualquier otra aplicación de mensajería. Si bien es cierto al principio asoma el desconcierto luego lo hace un poco la envidia. Y es que la hiperconexión tiene varias desventajas que están pasando “solapas” por debajo de la mesa.

Dos aspectos importantes son los que vienen a mi cabeza. El primero, el balance entre los distintos ámbitos de la vida de una persona: el profesional, el familiar y el personal. ¿En qué momento deslindamos de uno para estar en el otro? La hiperconexión nos da facilidades para atender más de un aspecto a la vez, pero ¿será que los estamos atendiendo bien? ¿estaremos cediendo frente a la cantidad en lugar de la calidad? Este punto no es tan difícil de evidenciar, basta con preguntarnos cuántas veces hemos atendido algún tema profesional en vacaciones o cuántas veces hemos divagado en redes sociales durante reuniones de trabajo.

El segundo, la ausencia de respuesta inmediata, hoy tan impensada para las generaciones de millennial para abajo, en cierta forma es un espacio de lujo para el análisis y la toma de decisiones.

Este último punto es probablemente el que no sea tan evidente ya que en el mundo de la innovación todo aparentemente tiene que ser “ágil”; además, la tecnología exponencial está pensada cada vez más para restar de tu bandeja de entrada mental los temas que la inteligencia artificial puede resolver por ti.

El mundo hoy en día requiere agilidad y precisión y, mientras las decisiones que tomemos sean más acertadas por estar basadas en la mayor cantidad de información adecuada, es mejor. Sin embargo, el ejercicio mental no debe relegarse. Entender que no todas las respuestas tienen que tenerse YA es importante. Hay ideas que madurar e información que sopesar, insumos importantes para las buenas decisiones. Este solo ejercicio puede permitir el cuestionamiento de las premisas iniciales.

Trasladando esto a la innovación, hay que entender que lo que se requiere son ciclos ágiles más que respuestas rápidas y, cada ciclo debe tener un espacio para la revisión y análisis objetivo, pero sobre todo entendible, que permita la interiorización del conocimiento que surge del aprendizaje; más aún, tan entendible que permita el aprendizaje colectivo.


*Gerente en Hub de Innovación Minera del Perú. Biotecnóloga con experiencia en formulación y desarrollo de proyectos de I+D+i y en gestión pública y privada relacionada a innovación.